domingo, 6 de febrero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
Que 50 años no son nada
Luciano se despertó abruptamente con un oso de peluche en sus brazos. Se miro extrañado a sí mismo y se vio completamente distinto. Sus manos eras mas grande, su cuerpo también, el pijama le quedaba chico. Se sobresalto y se tiro instintivamente de la cama y corrió hacía el espejo. Se paro frente a el y se vio el rostro horrorizado, tenía barba, canas y arrugas. “¿Qué esta pasando por dios?” se dijo así mismo. En ese momento comenzó a escuchar ruidos que provenían de la calle, se asomo por la ventana y vio varios autos voladores de aquí para allá. “No puede ser”, pensó.
Miro a su alrededor, su cuarto permanecía igual que siempre. A un costado estaba el famoso cajón de los juguetes. Comenzó a recorrer la casa, que al parecer era la misma de siempre. “Mamá, mami” gritaba por la casa.
No había nadie, llego hasta la cocina y se sobresalto al ver como un robot con traje de mucama se le abalanzaba.
Robot: “Buenos días señor, el desayuno esta listo”
Luciano no entendía nada.
Luciano: “¿Mamá?”
Luciano se refregó los ojos, pero el robot seguía allí. Por inercia se sentó y bebió un sobro de una taza, al instante lo escupió abruptamente. El robot iba de aquí para allá, limpiando toda la casa. Sonó el teléfono, Luciano se abalanzo sobre el.
Luciano: “¿Hola?”
Voz off: “Señor presidente, lo estamos esperando”
Luciano desconcertado.
Luciano: “Equivocado”.
Y colgó.
“¿Señor presidente?” pensó.
Recorrió el living y comenzó a ver todas las fotografía que había allí con diferentes personalidades, pero una le llamo la atención, era él, o al menos el cuerpo de ese hombre avejentado con el que se había despertando, estaba jurando la bandera. En ese momento el robot se acerco a él.
Luciano: “Robot ¿Quién soy?”
Robot: “Luciano Solá, señor”
Luciano: Sí eso ya lo sé, pero ¿Qué hago de mi vida?”
El robot se hecho a reír. Con tono burlón.
Robot: “No lo va a poder creer, usted es el presidente de la nación”
El rostro de Luciano se convirtió, salió corriendo hacia su habitación. Se tiro en la cama y se hecho a llorar como un niño. El robot se acerco a la cama.
Robot: “Señor ¿Se siente bien?, debería ir a trabajar y comprarse un nuevo pijama”.
El robot le acarició la cabeza.
Luciano: “No quiero, quiero a mi mamá”.
Robot: “Si quiere después del trabajo lo acompaño al cementerio”.
Luciano: ¿Qué? ¿Mi mamá está en un cementerio?”
Robot: Señor, ¿Quiere que llame al médico? Esta un poco afiebrado.
Luciano: “No, suélteme, déjeme solo”.
El robot se fue y Luciano quedo en penumbras en su habitación. Llorando, abrazo a su oso y deseo poder dormirse.
En ese momento, golpearon la puerta. Era el robot nuevamente.
Luciano: Ándate te dije.
Robot: Señor, al alguien que necesita hablar con usted.
Un hombre entro en la habitación.
Hombre: “¿Qué te esta pasando querido, necesito respuestas, tengo una escuela tomada que esta volando por toda la ciudad, necesito que estés conmigo”.
Luciano: “Váyase, quiero estar solo”.
Hombre: “¿Qué pasa? Estás raro. Entiendo, por ejemplo, que te hayas negado a vivir en la casa rodante presidencial y hayas decidido vivir en tu casa de toda la vida, pero estos berrinches de nene no los comprendo”. “¿Dónde esta Marta?”
Luciano: No se quien es Marta.
Hombre: ¿Se pelearon de nuevo?
Luciano: No se de que me esta hablando, váyase le dije.
Luciano lo tomo de los brazos y lo empujo, ambos comenzaron a forcejear y Luciano le dio un empujón al hombre que lo hizo volar por la ventana.
Enseguida, Luciano se asomo por la ventana, vivía en un tercer piso, vio el cuerpo de aquel hombre estampado en el piso. “No, ¿Qué hice?”
De pronto detrás de él, entrando por la puerta de su habitación apareció nuevamente aquel hombre, con toda la cabeza rota.
Hombre: “Luciano no seas infantil”
Luciano: “No puede ser, tengo que estar soñando”.
Luciano comenzó a pellizcarse. Intentaba despertarse, cerrando y abriendo los ojos, el hombre comenzó a zamarrearlo.
Luciano gritaba desesperado “Mamá, mamá, quiero a mi mamá”.
Luciano despertó en su cama con un cachetazo de su madre.
Madre: “¿Estas bien hijo? Perdón pero estabas como poseído, me asuste”.
Luciano se miro a sí mismo, era el mismo de siempre, un niño de 10 años completamente normal. Luego miro a su alrededor, estaba todo igual, se levanto y miro por la ventana, todo parecía estar en su lugar. “Lo de los autos voladores me gustaba” pensó.
Corrió a abrazar a su mamá.
Madre: “Todavía estas con fiebre, voy a llamar al médico”.
La madre lo beso en la frente y salió de la habitación.
De pronto el robot entro abrumado.
Robot: ¿Listo para gobernar el país?
Luciano grito desesperadamente y despertó al fin.
By alegría
sábado, 4 de diciembre de 2010
señores pasajeros...
“Buenas noches señores pasajeros, no les vengo a pedir plata, ni a vender nada. Soy drogadicto, hace más de diez años que lucho contra esto, cada día un poco más, tengo un hijo hermoso que me ayuda a hacerlo día a día, pero es difícil. Por eso es que les vengo a pedir que me ayuden, les voy a entregar un papel y una lapicera para que me escriban algunas palabras de aliento”.
Mucha gente me escribió hoy, esto de las palabras sí que es buena idea.
No tengo monedas para el colectivo, voy a tener que patear hasta casa.
Hace frío, esta campera no abriga nada. Ya llego, unas cuadras más y llego.
-¿Dónde metí las llaves? Acá están. - ¿Marta? ¿Dónde estás Marta? Recorro toda la habitación pero no logro encontrarla, que raro, todavía no son las seis.
El teléfono… ¿Dónde lo metí? Vibra vibra, en la campera, ¿Quién me manda a comprar una con tantos bolsillos? – Hola. Carlos ¿Cómo le va? Sí las tengo, no sé todavía no las conté, ¿Cuánto? ¿100 por palabra? Habíamos dicho 150 Carlos. No, no las cosas claras por favor. Ok, a las ocho estoy ahí, sí en el bar de siempre.
Carlos es todo un empresario, lo conocí en un bar hace un año, yo trabajaba de vendedor ambulante, un día entre al bar a vender y ahí estaba él. Habrá visto en mí un buen desenvolvimiento con la gente y me propuso este trabajo.
Generalmente trabajo de seis a ocho horas por día. La idea básicamente consiste en recolectar palabras, mientras más sean mejor. Me paga bien, que se yo, es un trabajo simple. El trabajo duro lo tiene él. Hace años que quiere escribir un libro, pero no tiene alma de escritor. Está encaprichado, consiguió una editorial y todo, pero le cuesta. Yo le dije, honestamente, que sería más fácil contratar a un escritor, pero no, él quiere ser el que le de vida, y bueno yo le doy una mano.
¿Culpable? No, no me siento culpable, hay tantos que mienten arriba del tren y la gente les cree. Yo lo hago por la guita.
-¿Hola? Carlos, dígame. ¿Qué? ¿Pero usted se ha vuelto loco? No puede ser… eso es imposible.
Corrí como nunca antes lo había hecho en mi vida. Subí al tren que se estaba yendo. Observe a la gente, algunos me miraban con mala cara. De repente empezaron a venirse encima mío, balbuceaban, gritaban, pero nada se les entendía. Carlos tenía razón les había quitado las palabras, y ellos sabían que yo era el culpable.
Continuara...
by alegría
sábado, 20 de noviembre de 2010
Misterio Japonés
Lem entra a un restaurant japonés, como todos los 16 de cada mes. Se sienta en la mesa de siempre. Desde la barra Yin, mozo, y Yan, caja, lo observan.
- ¿ Ese hombre no es el que vino el mes pasado y termino mal?
- Si, hoy es 16.
Yin toma una carta y se dirige hacia la mesa de Lem. Yan lo frena.
- Para que le vas a llevar la carta, sabemos lo que va a pedir, hace meses que lo viene haciendo, no creo que hoy lo cambie.
- Tenes razón.
Yin se acerca a la mesa. Lem esta haciendo anotaciones en una agenda.
-Buenas noches, ¿lo de siempre?
Lem sonríe amablemente
-Sí por favor.
-Enseguida.
Yin se retira, va hasta la barra.
- Lo mismo de siempre.
- Te lo dije.
El reloj marca la 1 de la madrugada. Ya no había nadie en el lugar, solo Lem continuaba en la mesa, sobre ella había una botella grande de champagne y una pequeña, junto a ellas un plato de sushi sin terminar. Lem tiene la cabeza apoyada en la mesa, esta sofocado. Desde la barra lo observan Yin y Yan.
- Voy a ver si necesita algo…
- No hace falta, suele terminar así siempre, es como un ritual parece, cuando cerramos lo sacamos, lo ponemos en un taxi y listo. Es todo un misterio, hace dos años que viene haciendo lo mismo.
- ¿Nunca le preguntaste nada?
- No me corresponde, solía venir con una mujer.
- Pobre, parece enfermo.
- Yan, es un pedo, como el que te has agarrado vos, yo y todos los que estamos acá, no te preocupes.
Yin estaba preocupado, era nuevo en el bar, hace un mes que estaba, no le parecía normal lo que estaba pasando, la vez que lo vio no se veía tan mal.
Lem comenzó a toser terriblemente, vomito a un costado, luego se tomo el pecho, dio un grito y cayo redondo al piso
Yin y Yan corrieron a socorrerlo, estaba inconsciente, no tenía pulso.
- Yin anda a llamar a una ambulancia.
Yan se queda tratando de reanimarlo, pero es en vano, Lem parecía muerto.
Al rato llego la ambulancia, los médicos le comunicaron que había fallecido, suponían que de un ataque al corazón. Sobre la mesa había quedado la agenda del hombre, Yan la tomo, la abrió y leyó lo que había escrito ese día.
“Ya hace 2 años que no estas, y la mejor manera de recordarte es viniendo cada mes a este lugar que tanto te gustaba. Pedí sushi y champagne como siempre, brindo por vos, por mi, por nuestro reencuentro”
by alegría
martes, 9 de noviembre de 2010
El Hombre que empequeñecía hasta desaparecer
Año 2030, el mundo se encuentra en estado de emergencia, un cataclismo ha azotado a todos y a todo. En Argentina, Ernesto, un hombre de 30 años es arrestado por haber matado a un policía tras un tiroteo. Es trasladado al penal de Ezeiza, la justicia ha decretado que su condena sea cadena perpetua.
Un grupo de militares visitan el penal, ellos están creando una sustancia que consiste en una minima reducción del individuo, con el fin de que ocupen menos espacio y que se alimenten de manera mas reducida. Es un experimento costoso, ellos creen que se lograran buenos resultados. La idea es buscar a uno de los convictos para probar el experimento, es por eso que visitan la celda de Ernesto, le dicen que necesitan su ayuda, ya que es un pobre hombre que permanecerá hasta la muerte tras las rejas, deciden tomarlo como conejillo de india. El se niega rotundamente, pero ellos tienen la palabra final.
Ese mismo día trasladan a Ernesto a una celda de castigo, con el fin de poder experimentar sin ser molestados por nadie. Llegan dos de los militares con la sustancia, él se resiste un poco pero ellos logran inyectársela. Ernesto grita desesperado, pero se calma enseguida. Los militares lo dejan solo en esa celda oscura y solitaria.
Al día siguiente, Ernesto se levanta sobresaltado, nota que todo sigue igual, nada ha cambiado, estaba seguro que nada de eso sucedería, era una locura.
Esa tarde los militares lo visitan, al no ver buenos resultados deciden inyectarle una nueva dosis, Ernesto vuelve a gritar desesperadamente, pero menos que la primera vez.
Es así como a la mañana siguiente Ernesto nota que sus manos están más pequeñas, lo mismo que sus pies, su ropa le queda grande. Se queda sorprendido, comienza a temer por lo que podría llegar a pasarle, pero al rato se tranquiliza, nada podría ser peor que permanecer en la cárcel el resto de su vida.
Los militares satisfechos celebraron el triunfo. Al correr los días Ernesto siente que su cuerpo sigue encogiéndose, esto lo asusta un poco. Hasta que un día despierta y nota que casi esta por desaparecer. Grita y grita pero nadie puede escucharlo. Esa mañana los militares visitan la celda de Ernesto, pero quedan sorprendidos al ver la celda vacía, Ernesto estaba allí pero nadie podía contemplarlo. Los militares furiosos no entienden que estaba sucediendo, interrogan a uno de los policías que custodia la celda, pero este no tiene idea a donde habría ido el sujeto, el no vio ningún movimiento extraño. Es así como uno de los militares concluye en que la sustancia quizás podría haberlo hecho diminuto, los otros lo miraron raro. Éste vuelve a entrar a la celda, se tira al piso y comienza a buscarlo, de repente escucha una voz cerca de su oído, es Ernesto que le pide por favor que lo vuelvan a su tamaño, el militar sorprendido lo toma en la palma de su mano.- Disculpe, hemos logrado crear la enfermedad, pero no la cura, dijo el militar.
by alegría.
martes, 26 de octubre de 2010
INSTRUCCIONES PARA ABRIR EL PAQUETE DE JABON SUNLIGHT
1) Busque la flecha indicadora.
2) Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.
3) Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.
4) Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.
5) La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.
6) Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la flecha.
7) Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
8) Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas , los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.
9) Calcule 100 gr. de jabón por cada kilo de ropa sucia.
10) Cuánto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar...". Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de la Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.
11) Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.
12) No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?". Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.
Lloraba Solón la muerte de su hijo.
Un amigo se acerca y le dice:
-¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
-Por eso- contestó Solón- porque sé que es inútil.
13) No está tan mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviendo este cupón por correo.
14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".
NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.
de "Libro del Fantasma". Alejandro Dolina .
